Cabo Verde, el latido atlántico de África
La vida entre volcanes, música y mestizaje
Situado frente a las costas de Senegal, emerge un archipiélago en medio del atlántico. Un país que parece flotar entre continentes y culturas. Formado por diez islas de origen volcánico, este singular país está cargado de historia. La hospitalidad local y la naturaleza se entrelazan formando una identidad propia profundamente marcada por el mestizaje.
Un cruce de caminos
Descubierto en el siglo XV por navegantes portugueses en uno de los momentos históricos de máxima expansión marítima europea, se encontraba totalmente deshabitado. Debido a la facilidad para desembarcar en la zona, y su situación geográfica, se convirtió rápidamente en un punto estratégico para el comercio atlántico. Desgraciadamente durante la época del mayor auge del tráfico de esclavos entre África, Europa y América.
Durante siglos, Cabo Verde fue un enclave de intercambio cultural y humano, con una historia dura y compleja que marcó a la sociedad criolla. Una población que creció marcada por la resistencia, la adaptación y la continua mezcla entre orígenes provocada por su situación geográfica. En 1975 logró la independencia, reforzando ese sentimiento nacional de identidad cultura, lengua criolla y conciencia histórica.
Alma Caboverdiana
Cuando aterrizamos en la isla, es lo primero que salta a la vista, el gran tesoro de este país. Y es que su población mayoritariamente mestiza combina raíces africanas y europeas que conforman su identidad tan única y especial. Su carácter afable, tranquilo, hospitalario y resiliente es admirable. Una población que vive sin prisas, al ritmo del “morabeza” una palabra local que define la cercanía y amabilidad con la que se recibe al visitante.
La música, los valores familiares y la sensación de comunidad afloran por todo el territorio. El criollo caboverdiano, lengua local hablada conjuntamente con el portugués es símbolo de identidad y cohesión cultural.
Su relación con el continente africano
Aunque por su situación podríamos pensar que comparte todos los rasgos de la cultura africana, Cabo Verde ha desarrollado una personalidad propia dentro del continente. Su influencia africana es evidente en los ritmos, música, gastronomía y tradición, pero su herencia europea y atlántica es innegable. Un puente cultural entre ambos mundos capaz de integrarlos en su día a día.
La vida entre volcanes
Un archipiélago de origen volcánico cargado de espectaculares paisajes de color oscuro, que van desde playas de arena dorada o negra, hasta valles fértiles a los pies del volcán, campos de lava y montañas escarpadas. Una geografía abrupta que da la oportunidad al visitante de admirar paisajes de otro mundo a través de caminatas por senderos.
El volcán de Fogo es el corazón ardiente de Cabo Verde y un icono del país. Sus casi 2.830 metros ofrecen los paisajes del atlántico más espectaculares, y su ascensión asegura una experiencia única al caminar sobre ceniza volcánica y contemplar el cráter humeante.
Aunque parezca inverosímil, una comunidad ha aprendido a convivir con el volcán situándose en su interior en Chã das Caldeiras, cultivando viñedos y cafetales sobre el suelo volcánico..
Por otro lado, la isla de Santiago, la más grande y poblada del archipiélago, es el verdadero corazón histórico y cultural del país y donde descubriremos los primeros asentamientos europeos en los trópicos. Un lugar donde conviven tradición y modernidad, ideal para comprender la realidad actual del país.
Un archipiélago para el recuerdo
Gastronomía sencilla pero sabrosa, música e identidad cultural, vino, aguardiente de caña de azúcar, marisco… Cabo Verde tiene mucho por ofrecer y los locales se encargan de ello debido a su espíritu comunitario. Un destino que se siente, y aunque a simple vista no es un país que se visite solo con la mirada, se siente en el ambiente el legado de una sociedad construida a si misma bajo la atenta mirada del volcán. Un choque cultural en el que nos sentiremos acogidos.
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