La cara B de cargar con muchos km en la mochila es la pérdida de la capacidad de sorpresa. Exactamente lo contrario de lo que nos sucedió con nuestro reciente viaje por la Puna argentina.
Allí descubrimos un paisaje excepcional: vasto, descomunal y casi vacío, a más de 4.000 metros de altitud.

A partir de esta experiencia rediseñamos la ruta “Travesía del Altiplano: Puna argentina, Salar de Uyuni y Desierto de Atacama”, incorporando Tolar Grande y su entorno. El resultado es un viaje más completo y coherente, que refuerza su carácter geográfico y exploratoria. Proponemos vivir la Travesía del Altiplano por Argentina, Bolivia y Chile en un viaje de 18 días; contamos con dos salidas confirmadas, el 15 de febrero y el 21 de junio de 2026, dos fechas perfectas para descubrir la inmensidad y los paisajes únicos de los salares andinos.
Contrastes entre Argentina, Bolivia y Chile
Esta ruta atraviesa el corazón del altiplano andino, un inmenso territorio compartido por Argentina, Bolivia y Chile, donde la altitud moldea el paisaje, el clima y la vida.
La Puna Argentina es inmensa y solitaria. El relieve está formado por grandes mesetas, conos volcánicos, salares y desiertos de tonos rojizos. Aquí, el vacío y la soledad son parte del encanto: pueblos diminutos como Tolar Grande o Antofalla aparecen como oasis humanos en una extensión casi lunar. Es la zona más áspera, despoblada y menos conocida del altiplano.

Al cruzar a Bolivia el paisaje cambia sin perder altura. El Salar de Uyuni y la Reserva Eduardo Avaroa son un espectáculo de color y horizontes infinitos. Lagunas de colores, geiseres y volcanes activos forman uno de los ecosistemas más singulares de Sudamérica. Esta área es el corazón demográfico y cultural del altiplano andino y allí encontramos pueblos grandes como Uyuni o Colchani de una fuerte identidad comunitaria -mayoritariamente quechuas y aimaras- que mantienen vivas sus tradiciones a pesar de que la cantidad de visitantes no es pequeña.

Finalmente, el viaje desciende hacia Chile. En el desierto de Atacama la vida se refugia en oasis como Toconao o San Pedro, rodeado de salares, valles erosionados y lagunas altiplánicas. Las montañas se tiñen de rojos y verdes minerales, y los Géiseres del Tatio muestran la energía viva del subsuelo andino. La población es menor que en Bolivia, la cultura indígena está reconocida oficialmente y sus comunidades gestionan el turismo y la agricultura.
Un mismo escenario geográfico, pero con tres rostros distintos: la Puna argentina, el altiplano boliviano y el desierto de Atacama.
La minería industrial en el Altiplano
La expansión de la minería industrial —en especial la del litio y el cobre— ha tenido un fuerte impacto social y ambiental en las comunidades del altiplano. Las explotaciones crean empleo y mejoran el acceso a caminos y servicios, pero también generan tensiones por el uso de los recursos y por el reparto de los beneficios.

A modo de ejemplo podemos citar el Salar de Uyuni, una de las grandes reservas mundiales de litio que es tanto una oportunidad de desarrollo nacional como un motivo de conflicto con las comunidades quechuas y aimaras que reclaman una participación más equitativa en los beneficios y en la gestión del recurso. También en el Desierto de Atacama la minería ha transformado el paisaje y reducido la disponibilidad de agua en zonas como San Pedro, afectando los ecosistemas y las actividades tradicionales de los pueblos atacameños.
En general, la minería del altiplano combina promesas de progreso económico con desafíos ambientales y culturales, en una región donde el agua y el equilibrio ecológico son tan valiosos como los minerales que se extraen.
Travesía del Altiplano Andino: el viaje
✔️ Salidas 21 jun | 6 sep 2026
✔️ Precio a partir de 4600€

